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Septiembre. Primero de bachillerato.

octubre 3, 2007

Acabo de regresar de mi primer y ajetreado día de clases. Antes de sentarme a la mesa para comer una suculenta comida casera, me dirijo hacia el servicio. Lavo mis manos y me miro en el espejo buscando uno de esos granos que, a nuestras edades, son tan frecuentes. Entonces, me pongo a recordar mi imagen de unas semanas atrás. Mi rostro ha palidecido ligeramente desde el verano. Me desespero pensando en lo rápidamente que ha pasado el tiempo. Además de la palidez de mi piel, percibo que mi semblante está más serio y atento.¡Se acabaron los días de verano en los cuales mi máxima preocupación era sacar a mi perra de paseo! Ahora tengo que trabajar mucho, ser organizado con los estudios y, sobre todo, prestar mucha atención en clase. Pero, como ya he mencionado, el tiempo pasa volando y antes de que nos demos cuenta ya seremos personas de mediana edad y atareadísimas en lo que respecta a los quehaceres de la vida. Entonces, será cuando echemos en falta los días en los que “solo” teníamos que estudiar.

Cristian Mayer

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