Archive for the ‘el se’ Category

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Necesidad

enero 6, 2007

Se venden pisos, se venden casas,
se venden apartamentos, se vende
parking, se venden coches, se venden
motos, se venden bicicletas, se vende
fruta, se vende verdura, se vende carne,
se vende pescado, se vende pan,
se venden diarios, se venden revistas,
se venden libros, se venden enciclopedias,
se venden televisores, se venden
películas, se venden medicamentos,
se venden preservativos, se venden
animales, se venden hombres, se venden
mujeres… La ciudad es un mercado que
responde a nuestras necesidades.

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PALABRAS

diciembre 16, 2006

Se mueven a mi gusto desde mis manos de titiritero.
Se enhebran y enlazan al compás del reloj.
Se doblan y se endurecen en cada traspiés.
Se van, vienen y se pierden en el camino.
Se quedan algunas y otras se funden en el alquitrán.
Se asoman a los balcones esperando algún detalle.
Se esconden muchas y demasiadas se pasean en silencio.
Se les tuerce la risa al acicalarse un poquito.
Se dañan masticando ilusiones.
Se olvidan de pedir aquello innecesario.
Se empequeñecen al dar las gracias.
Se desgarran lentamente en el roce de voz.
Se pierden entre tanta mirada de arlequín.
Se vuelven de mimbre una y mil veces.
Se mueren, en tu boca, mis palabras de demente.

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Se despierta…

diciembre 12, 2006

Se despierta, se lava, se peina,
se desayuna, se viste, se prepara,
se sienta en el coche,
se pone el cinturón,
se agarra del volante,
se apea, se examina, se aprueba,
se abre la puerta, se encienden las luces, se saludan,
se sienta, se concentra, se cansa,
se vuelve del trabajo,
se apea, se desviste, se cena,
se despeina, se lava, se duerme.

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Se encoge…

diciembre 12, 2006

Se encoge. Se levanta.
Se ciega con las telarañas
que enjaulan el pensamiento
y se apegan a las entrañas.

Se argumenta con sus mentiras.
Se refugia en la bebida.
Se le olvidó lo que quería,
y ahora solo espera al día.

Se lo imagina sin querer,
y se le aparece sin cesar.
Se desliza entre las curvas
al compás del movimiento,
siendo dentro lo que suena
su amiguito aventurero.

Se tropieza otra vez.
Se cae al hoyo de la realidad.
echa a correr.
Se queda el viento atrás.
Se pierde. Y pierde.

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Desesperación

diciembre 12, 2006

Se despierta un hermoso día,
el sol sube sus peldaños,
su imagen se refleja en las pupilas
de un chico desgarbado.
Se desliza lentamente
obligándose a caminar:
se esfuerza, se fatiga, se detiene;
se culpa, se odia, se critica.
Se ahoga entre sus recuerdos
que se remueven, se sulfuran, se inquietan.
Se encierra entre muros
construidos de dolor, rabia e impotencia.
Desea liberarse, la busca con desesperación
esperando refugiarse entre sus brazos.
Repentinamente se ven, se miran, se reconocen.
Y aliviado se entrega, se desvanece: se suicida.

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VANIDAD

diciembre 12, 2006

Se ve, se mira, se observa,
se inquieta, se esconde, sale y se enamora.
Se da cuenta que en el mundo
hay alguien más que ella.
Se vuelve a mirar al espejo:
se toca el pelo, se guiña un ojo,
se mira, se repasa y se vuelve a mirar de reojo.
Su amor por ella es el más grande,
pero no le impide amarse a sí mismo.
Observarse, quererse,
enorgullecerse de su aspecto.
Él es el más vanidoso.
Se vuelve a mirar al espejo:
se ama, se adora, se idolatra,
se cree de gran belleza,
nada ni nadie es más bello que él.
Por vanidad se ama.
Por vanidad se adora.
Por vanidad se pierde.

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se gusta y se muere

diciembre 12, 2006

Se levanta bien temprano con las noticias de la radio
y se viste con el conjunto beig, mientras el locutor recuerda:
“se continúan haciendo obras en la ciudad.
¡Cuidado los que cojáis el coche!”
Se ducha con agua bien fRía para reavivaRse,
después logra secarse el pelo entre bostezos
y se peina con esmero una alta cola de caballo.
El pelo oscuro contrasta con la americana clara y se pinta
los labios de rojo carmín para resaltar aún más su belleza.
Se cree muy guapa, la chica.
Continúa con la radio conectada cuando se sirve una taza de café
bien caliente y se come la tostada de mermelada.
Y nada más salir por la puerta se acuerda de
que se había olvidado el móvil en la mesa del comedor.
Entra, lo recoge y se queda escuchando
la radio un segundo antes de cerrarla.
Es un anuncio que reclama: “si eres joven y bella
y tu trabajo no te gusta, ¡llámanos! ¡Nuestra agencia de modelos
te convertirá en una futura top model! ¡Ven y consigue tu sueño!”
La muchacha se aprisa a tomar el número de teléfono
y al marcharse se mira una última vez en el espejo.
“Qué buena que estoy”, se dice.
Y cuando aterriza en la calle, Milán y París desaparecen
y ve a lo lejos la acera mal pavimentada
que justo acaba de abandonar.
Se encuentra, pues, en medio de la carretera.
Se asusta, pero es ya tarde.