Archivos de la categoría ‘Nuevas aventuras de Don Quijote y Sancho Panza’

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DON QUIJOTE Y SUS AVENTURILLAS (David Onieva)

enero 31, 2006

En un día de esos en que se dirigía hacia Barcelona con el famosísimo Roque Guinart don Quijote dijo:
-Querido Sancho,¿qué es ese zumbido que resuena entre esas colinas? Contestó Sancho con pena:
-Vuestra merced, no sé, pero yo señor llevo dos días alimentándome solamente de pan, puede que sean mis tripas rugiendo.
-No, amigo mío, eso no son tus tripas llenas de ajos ni de pan,es otra cosa más grande.De pronto, el bandolero y sus compañeros se dieron a la fuga dejando a don Quijote y Sancho solos.
-¡Malvados villanos!Tranquilo Sancho, amigo mío,tú y yo lucharemos por la hermosísima Dulcinea
-Pero señor…
-¡Nada de peros, maldito escudero de poca monta!-chilló don Quijote con voz alta.
De pronto una humareda se les venía, Sancho al ver que se le acercaba, se metió detrás de un arbusto para esconderse de lo que les esperaba. De golpe, una moto de cros les pasó por las narices. Dijo Sancho:
-¿Ha visto su merced eso señor don Quijote?- -Pues claro que sí, humilde arlequín cagado.-contestó con ironía Don Quijote.
-Tampoco es para que se ponga así señor, usted me conoce muy bien y sabe que yo tengo mucho miedo a la hora de la verdad.
-Lo siento, Sancho, es que me he puesto muy nervioso al ver ese hombre a lomos de esa bestia, ¡corre Sancho que ese hideputa está parado allí! Cuando estaban a punto de cogerlo, el motorista arrancó a zumbarle a la moto que desapareció en unos segundos dejando un montón de humo.S ancho preguntó con la boca abierta.
-¡Señor! ¿qué diablos era eso? -Don Quijote respondió sonriendo.
-No lo sé Sancho, pero quiero una cosa de esas.

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Don Quijote y la labradora (Miriam Pérez)

enero 10, 2006

Iban Don Quijote en su caballo Rocinante y Sancho en su borrico, el uno como siempre pensando en su dulce y amada Dulcinea y el otro en comer unos buenos huevos fritos con chorizo. Por el camino se encontraron a una campesina joven y bella que estaba recogiendo las patatas del huerto. Don Quijote cegado por su belleza, se acercó, pisó las patatas, y las dejó hechas puré. La pobre campesina, desolada por el desastre, empezó a insultar con graves palabras a Don Quijote pero los insultos eran para el gran hidalgo halagos, palabras de amor, una muestra de su amor hacia él. Sancho, al darse cuenta, le dijo a su señor:
-Mi señor, pero ¿qué está diciendo?, esa joven no le está declarando su amor.
-Pero, ¿qué dices, Sancho? No ves que está enamorada y me está confesando lo que siente por mí.
-Mi señor, vuestra merced piensa que una dama de tal belleza y de tal juventud se puede enamorar de un caballero como usted.
-¿Qué dices, Sancho?. Está cegada por mi encanto.
La campesina, asombrada por la conversación, se empezó a reír de tal manera que la pobre no podía ni con su alma.
Don quijote y su fiel escudero se asombraron del comportamiento de la bella dama pues ¡¡¡se estaba riendo en las narices de un caballero!!
Pero Don Quijote, a pesar del comportamiento de la muchacha, se enamoró de ella. Al rato, apareció el esposo de la dama a la que el Caballero de la Triste Figura había destrozado el huerto. La campesina le explicó lo ocurrido a su esposo, pero Don Quijote es un ir y venir ya no estaba.
Sancho Panza fue en busca de él. Don Quijote le confesó a su escudero que se sentía muy mal por haberse enamorado de ella y haberle sido infiel con el pensamiento a su amada Dulcinea. A lo que añadió:
-¡Maldita la hora en que los encantadores me maldijeron!! Yo, Don Quijote, me castigaré por el falso amor que he sentido por la joven labradora.

ONOMATOPEYAS

Don Quijote y Sancho se encuentran con una joven y bella labradora que está recogiendo patatas, xip, xap, xip, xap. Y el corazón del caballero pu-pum,pu-pum, Don Quijote prendado de su belleza se castiga por sus pensamientos zas, zas, zas, pues le ha sido infiel a su amada Dulcinea, muac, muac, muac .

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Don Quijote y el campesino (Mónica Blanco y Ana Olivera)

enero 9, 2006

IGNORANCIA

IGNORANCIA

¿Don Quijote acompañado de su escudero cabalgan hacia el Toboso? Puede ser. ¿Que si era para encontrarse con su amada Dulcinea? Supongo que sí. ¿Que si una vez llegados se encontraron a un joven campesino? Quizá sí. ¿Que si dialogaron sobre Dulcinea y el gigante que la tiene retenida? Tal vez sí. ¿Que si al cabo de una semana el campesino los volvió a ver? Tal vez. ¿Que si pensó algo al verlos? A lo mejor. ¿Si pensó que eran unos locos? Podría ser que sí, no sé, ¿quién sabe…?

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Don Quijote y Sansón Carrasco (Alicia Falbo y Tamara Corcobado)

enero 9, 2006

El otro día caminando por Barcelona, Don Quijote de la Mancha y el Caballero de la Blanca Luna se toparon de nuevo.
- ¿Me firmas un autógrafo? – le pidió el caballero.
- Claro –respondió Don Quijote muy excitado.
Se lo firmó más alegre que unas pascuas. El Caballero de la Blanca Luna o Sansón Carrasco, que era así como se llamaba, le preguntó:
- ¿Dónde está tu ¿valeroso? caballo Rocinante?
- Se ha jubilado. Era ya muy viejo. Dijo tristemente Don Quijote. Y añadió:
Has de saber que algún día me admirarán. Cuando me vean en el cacharro ese llamado televisor, me haré todavía más famoso de lo que soy, y es que soy muy admirado gracias a Cide Hamete, el autor que cuenta mis aventuras, hoy leídas por estudiantes y por todo tipo de lectores, grandes y chicos.
También me conocerán por mis hazañas en todas las aldeas y castillos en los que he batallado, arriesgando mi propia vida.

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Don Quijote y Dulcinea (Clara González)

enero 9, 2006

A los pocos días de que Don Quijote recobrase el juicio, apareció Dulcinea en su casa. La criada se moría de rabia al ver que Dulcinea venía a ver a su admirador. La criada llevaba ya tiempo loquita de amor por su señor, pero no le pudo decir lo que sentía por temor a que él la rechazase. Dulcinea se acercó a la alcoba de Don Quijote. Silenciosamente abrió la puerta, para no despertar a Don Quijote; se acercó a su cama y justo en ese instante, Don Quijote abrió los ojos y al ver aquella cara que lo miraba sin disimular, pegó tal salto que su sobrina y el cura que estaban en la habitación de abajo subieron a su cuarto para ver lo que sucedía. Y en esto que Dulcinea le dijo a Don Quijote que ella era su amada. Él la miró otra vez y le dijo:
-¿Cómo se te ocurre decir semejante estupidez?
La princesa Dulcinea fue un producto de mi imaginación, no pretendas engañarme, que yo sé que tú eres Aldonza Lorenzo.

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Don Quijote y el jabalí (Mireia y Laura)

diciembre 30, 2005

Don Quijote y el jabalí

Don Quijote, un hidalgo convertido en caballero andante por la locura que le causaron los libros de caballerías, iba por el bosque acompañado por su escudero Sancho y pensando en su amada Dulcinea cuando de pronto se encontró un jabalí de grandes colmillos que le gruñía. Sancho empezó a gemir de miedo y se escondió con su borrico detrás de un árbol. Don Quijote, en su locura, creyó que se trataba de un ogro y chillando como un poseso, arremetió contra el animal, lanza en alto. El animal se asustó, echo a correr, y se perdió en la espesura. Sancho salió de su escondite, con el disgusto pintado en la cara:
-¿Qué necesidad tenia vuestra merced de atacar a ese jabalí?
-Pero si tu te fuiste a esconder como un niño miedica mientras yo hice huir al malvado ogro Pantacruel, venido del mismo infierno!
-¡Perdóneme vuestra merced pero si eso no era un jabalí yo no soy de los Panza!
-¡Pero si…! Debe ser que los malvados encantadores me han jugado otra mala pasada…bueno, vámonos a dormir.
Y al amanecer, siguieron camino en busca de nuevas aventuras y desafíos.

Don Quijote y el jabalí (apócopes)

Don Qui, un hid con en ca an por la lo que le cau los li de ca, iba por el bos a por su es San y pen en su a Dul cuan de pron se en un ja de gran col que le grua. San em a ge de mi y se es con su bo de de un á. Don Qu, en su lo, cre que se tra de un o y chi co un po, a con el a, lan en al. El a se a, e a co, y se per en la es. San sa de su es, con el dis pin en la cara:
-¿Qué ne te vue mer de ata a ese jaí?
-Pe si tu te fui a es co un ni mi mien yo hi hu al mal o Pan, ve del mis in!
-¡Pe vue mer pe si eso no era un ja yo no soy de los Pan!
-¡Pero si…! De ser que los mal en me han jug o ma pa..bue, vá a dor.
Y al ama, si ca en bus de nue aven y des.

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DRAGONES AMARILLOS (SERGI SORIANO Y SERGI GARRIGA)

diciembre 22, 2005

Malditas aventuras que no son más que desventuras, se decía Sancho, cuando su amo vio tres excavadoras en una obra.
Mira, querido Sancho, que enormes dragones amarillos.
Tenemos una nueva aventura que realizar.
Don Quijote alzó su lanza y se dirigió a todo galope hacía la más grande de las excavadoras. Dijo Sancho:
Señor Don Quijote, que le van a matar, no ve vuestra merced que eso no son dragones sino excavadoras.
Don Quijote ya no lo escuchaba por el ruido de las máquinas.
Al llegar partió su lanza contra un cristal y lo rompió, Don Quijote salió despedido hacia atrás y cayó al suelo. El que conducía la excavadora era Sansón Carrasco (El bachiller) quien puso en el cuello del hidalgo los dos dientes de la pala, y dijo:
- Ríndete y vuelve a tu aldea para siempre. Don Quijote regreso al pueblo en excavadora, y con la autoestima por los suelos.

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DoN QuIjOtE y LoS aCeItUnErOs (CELIA)

diciembre 16, 2005

Bien entrado ya septiembre, iba el caballero Don Quijote acompañado de su siempre fiel escudero Sancho Panza. Después de varios días de largo y pesado viaje, fueron a meterse en un extenso olivar.
Allí había varias decenas de personas recogiendo la aceituna. Don Quijote, en su fantasía, se dio a entender que los aceituneros vareando los olivos para que cayeran las aceitunas, eran caballeros con sus respectivas lanzas luchando contra unas bestias que les habían robado toda su fortuna, y pensando que las aceitunas eran los escudos que caían de sus alforjas se unió a ellos diciendo:
-¡No os preocupéis aguerridos caballeros, que ya está aquí el caballero de la triste figura que libra a los ultrajados de su amargura, con su fiel escudero Sancho panza
-¡Yo os ayudaré a acabar con estos malditos ladrones,- dijo Don Quijote con ira- Sancho, coge un saco y ayuda a estos nobles caballeros a recoger sus escudos!
-Pero señor- dijo sancho mientras iba cogiendo los sacos- ¿no ve vuestras merced que eso no son bestias sino olivos y sus aceituneros vareándolos para recoger las aceitunas?
-¡Cállate Sancho! ¿Otra vez llevándome la contraria? ¡Recoge los escudos y cierra la boca!
Sancho, tan obediente como siempre, se puso a recoger aceitunas como los aceituneros. Mientras que el demente hidalgo luchaba acaloradamente contra los olivos, haciendo caer gran cantidad de aceitunas de ellos.
Los aceituneros, reía y le seguían la corriente por el provecho que sacaban de la locura de Don Quijote.
Se pasó horas y horas vareando olivos, mientras él se pensaba que luchaba contra unas bestias ladronas.
Una vez acabada la jornada de trabajo de los aceituneros vio como recogían las armas y los sacos con los “escudos” y los cargaban en carretas.
Don Quijote, al acabar tan cansado de su lucha, por fin se dio cuenta de que eran aceituneros con sus aceitunas, y entonces vio que Sancho le dijo la verdad, pero Don Quijote tan imaginativo como siempre dijo:
-Esto ha sido sin duda obra del mago Frestón que ha cambiado a las bestias, los escudos y los caballeros por simples olivos, aceitunas y aceituneros.
E ahí otra aventura de Don Quijote imaginaria del cual se sentía muy orgulloso de saber que como había vencido a las bestias ladronas, pues el mago Frestón las convirtió en humildes aldeanos trabajando.

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onomatopeyas (María)

diciembre 15, 2005

Una vez acabado de desayunar en la venta, ñam, ñam, ñam, don Quijote y Sancho bajaron al establo, cloc, cloc, cloc, a buscar al caballo, iii, iii, y al borrico, ioo, ioo.
- ¡Sancho! pum, no te preocupes, ras, ras, encontraremos a ese ladrón, bf, y le haremos pedazos, zas, zas, en un abrir y cerrar de ojos, pim, pam, pum.
- No puede estar muy lejos, juas, juas, respondió Sancho, aish.
Don Quijote, fiu, fiu, vio a un individuo ala, ala, con un borrico, ioo, ioo, andando, tac, tac, tranquilamente por el prado, fss, fss.
- ¡Mira! Sancho allí está, aj, aj, ha sido el ventero, que por no pagarle lo debido, fas, fas, ahora nos está fastidiando, ggrr, ggrr.
Don Quijote le propinó unos golpes, plasca, plasca, con el primer palo que encontró, clas, clas.
El ventero acabó por los suelos, zas, zas. Entonces, Sancho se dio cuenta de que aquel no era su borrico, fiu, intentó disculparse, mua, mua, y le dio lo poco que tenía, ja, ja, ja.

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DON QUIJOTE Y EL CASTILLO ENCANTADO (Sarai Ramos)

diciembre 14, 2005

Don Quijote y su fiel escudero tomaron rumbo a Barcelona. Fue un camino largo y bastante tranquilo, pero al llegar a Tarragona encontraron unos hermosos castillos.
-Sancho, contempla este gran castillo que nunca en tu vida has visto, ni verás.
A lo que contestó boquiabierto:
-¡Qué sabio es vuestra merced, pues tanta razón tiene! Ay, si mi Teresita lo viera, qué feliz se pondría.
Al entrar al castillo vieron que no había nadie, por lo que Sancho dijo:
-Pues si no hay nadie seguro que nos podemos quedar, ¿no cree, señor?
-Sancho, no está bien quedarse con las pertenencias de otras personas, pero hoy será una excepción, pues venimos tan cansados del viaje…
Estuvieron rondando el castillo por separado y don Quijote se encontró con una bella doncella.
-Buenas noches, siento molestarla hermosa doncella, pero mi escudero y yo estábamos cansados y decidimos entrar, y al ver que no había nadie pensamos quedarnos.
-No importa. Vuestra merced sabrá lo que hace.
Don Quijote se apresuró a llamar a Sancho y como era muy tarde decidieron que lo mejor era irse a dormir, sin ni siquiera cenar. Y así fue.
Alrededor de las 2 de la madrugada, se despertaron porque escucharon unos ruidos terroríficos en el pasillo. Asomaron la cabeza con la puerta entreabierta y al ver a unos fantasmas-que no eran más que doncellas disfrazadas- dando vueltas y haciendo ruidos extraños dieron un grito y huyeron de allí.
Cuando al fin consiguieron llegar al establo, Sancho se dio cuenta de que le habían robado el yelmo a su señor, pero no dijo nada del miedo que tenía.

VERSIÓN I

Don Qui y su fiel es to rum a Bar. Fue un ca lar y bas tran, pe al lle a Ta en u her cas.
-San, con es gran cas que nun en tu vi has vis ni ve.
A lo que con bo:
-¡Qué sa es vues mer, pues to la ra ti! Ay si mi Te lo vi, qué fe se pon.
Al en al cas vie que no ha na, por lo que San di:
-Pues si no hay na se que nos po que, ¿no cree se?
-San, no es bi que con las per de o per, pe hoy se u ex pues ve tan can del lar vi…
Es ron el cas por se y don Qui se en con una be don.
-Bu no, sien mo her don, pe mi es y yo es can y de en, y al ver que no ha na pen que.
-No im. Vues mer sa lo que ha.
Don Qui se a a lla a San y co era muy tar de que lo me era ir a dor, sin ni si ce. Y así fue.
Al de las 2 de la ma, se des porque es u rui te en el pa. A la ca con la puer en a y al ver a fan dan vuel y ha rui ex di un gri y hu de a.
Cuan al fin con lle al es don guar el ca y el bo San se dio cuen de que le ha ro el yel a su se, pe no di na del mie que te.
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